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Para Alberto Caeiro

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que llega a fingir que es dolor
El dolor que de veras siente.
O Luar a través dos altos ramos
Dizem os poetas todos que ele é mais
Que o Luar a través dos altos ramos.

Mas para mim, que nào sei l que penso,
O que o luar a través dos altos ramos
É, alem de ser
O luar a través dos altos ramos
É nao ser mais
Que o luar a través dos altos ramos.

- Primavera del año 1994 - Centre Cultural del Comù de Encamp (Principado de Andorra)
Dicen las buenas lenguas, que, como en un vertigo repentino, Fernando Pessoa escribió de un tirón apoyado sobre un aparador de su casa, todos los poemas de Alberto Caeiro, como poseido por su heterónimo. Lo mismo me pasó a mi, durante casi dos años fuí poseido por el espíritu de Alberto Caeiro, en una rara sensación, que no había vivido desde Rayuela de Cortazar, que me hizo vivir en otro universo paralelo. Esta exposición fue reflejo de esa curiosa sensación. ¿ Que quería decir? Para alguien que descendía de la ilustración y del Cogito ergo Sum de Descartes, esa desnudez mental, era todo un misterio.

Obra
Esta exposición. además de acampar conceptualmente dentro de la poesía de Alberto Caeiro, fue, el germen de la salida del formato plano, donde reside generalmente la fotografía, y un trabajo de investigación formal que culminaría con mi exposición en el Círculo de Bellas artes.
Aquí, convivieron colgadas en las paredes y sobre unas peanas distribuidas por las sala, dos tipos de formatos.
Por un lado, una colección de copias realizadas sobre un papel de algodón de 600 gramos, con un formato de 37 por 25 centímetros, hecho a mano, y, emulsionado también a mano con una emulsión liquida fotosensible en Blanco y Negro, que fueron viradas al Selenio.
Por otro lado sobre las columnas blancas distribuidas por la sala, se alzaban, sobre una peana de madera labrada a mano para recibir la forma de la piedra que las mantenía de pie, unas piedras de pizarra que provenían del Hayedo de Tejera Negra, de unas medidas de entre 10 y 40 centímetros. Una capa de Sulfato de Bario dada con pincel sobre cada piedra generaba por un lado una mancha blanca que serviría de fondo a la imagen y protegía la plata de la emulsión fotográfica de la posible contaminación de los agentes químicos que contenía la piedra. Encima de dicha capa de sulfato de bario, de nuevo la emulsión fotográfica liquida aplicada con pincel. Por último una capa de barniz zapón sellaba la piedra para minimizar la oxidación de la plata de la imagen.